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Las huellas de Dios

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Hace algunos años un científico ateo cruzaba el desierto, guiado por algunos árabes creyentes. Un día, se fijó que sus guías, cuando atardecía, ponían sus tapetes sobre la arena y se ponían a rezar. Entonces se acercó y les preguntó qué era lo que hacían. "Hacemos oración", contestaron. "¿Y a quién se dirigen en la oración?", volvió a preguntar. "A Dios", le respondieron. El científico sonrió maliciosamente y les preguntó: "¿Han visto ustedes a Dios alguna vez?".

Le respondieron que no. "Y, ¿lo han tocado con sus manos?". Nuevamente le dijeron que no. "¿Han escuchado la voz de Dios con sus oídos?". La respuesta nuevamente fue negativa. El científico concluyó: "¡Entonces no sean ustedes locos! Si nunca han visto a Dios, ni lo han tocado, ni oído, ustedes no deben creer en Dios". Los árabes no le dijeron nada por el momento. A la mañana siguiente, mientras amanecía con una aurora espectacular, el científico salió de la carpa y, al ver las huellas de un camello, les comentó a los guías: "Por aquí pasó un camello". Uno de los árabes le preguntó al ateo: "Pero señor, ¿acaso ha visto usted al camello?". "No lo he visto", respondió. Volvió a preguntarle: "¿Acaso lo oyó cuando pasó por aquí?". "Nada de eso", dijo el científico. "¿Lo tocó con sus manos?", insistió el guía. "Tampoco". El árabe concluyó: "Entonces usted está loco: ¿Cómo puede creer que pasó por aquí un camello, si usted no lo vio, ni lo oyó, ni lo tocó con sus manos?". El científico, señalando el piso, repuso enojado: "Es que aquí sobre la arena están las huellas del camello".
Entonces el árabe, mirando el cielo y señalando la aurora que asombraba a todos, concluyó: "Señor, ahí tiene usted las huellas de Dios; por tanto, no cabe duda de que Dios existe y actúa. Un Dios que lo ama y ha dejado su huella en toda la creación, incluso en usted mismo, aunque usted no lo reconozca". Y el científico ya no pudo decir nada.-

 

 
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